sábado, 11 de abril de 2009

Catalunya: Siglo XX

En las décadas siguientes iría tomando cuerpo el catalanismo político, como culminación de un proceso de afirmación de la conciencia nacional catalana, las primeras formulaciones del cual fueron debidas al político republicano Valentí Almirall. En 1901 se formaría la Liga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó, que impulsaría la Solidaritat Catalana. En cuanto al movimiento obrero, el final del siglo XIX se caracterizará en Catalunya por tres tendencias: el sindicalismo, el socialismo y elanarquismo, a los cuales se sumará a inicios del siglo XX el lerrouxismo. Ello conduce a que en las primeras décadas del siglo XX se distingan dos grandes líneas de fuerza, el catalanismo y el obrerismo.


El primero, bajo el liderazgo de Prat de la Riba, conseguirá una primera plataforma de autogobierno desde 1716: la Mancomunidad de Cataluña (1913-1923), presidida primero por éste, y más tarde por Josep Puig i Cadafalch. El obrerismo encontrará en el anarcosindicalismo la síntesis aglutinadora de anarquistas y sindicalistas, los dos sectores mayoritarios del movimiento obrero, y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la organización de combate para luchar por sus derechos.

El verano de 1909 se produce una revuelta popular conocida como la Semana Trágica, en que la una huelga general degenera en actos de vandalismo que son reprimidos duramente.

La creciente conflictividad social degenerará a lo largo del reinado de Alfonso XIII, dando lugar desde 1917 a una intensificación de las tensiones y al desarrollo delpistolerismo, alentado desde la patronal contra los obreros y causante de una espiral de violencia, que conducirá al apoyo por parte de la burguesía catalana a una solución autoritaria: la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).

Tras la caída de Primo de Rivera, la izquierda republicana y catalanista invirtió grandes esfuerzos para generar un frente unitario, bajo la figura de Francesc Macià. Así nacióERC, un partido que logró romper el abstencionismo obrero y consiguió un triunfo espectacular en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que precederían a la proclamación de la Segunda República Española.

Segunda República Española


La proclamación de la República permitiría la instauración de la Generalidad de Catalunya y la aprobación del Estatuto de Autonomía de Catalunya de 1932, que a pesar de sus múltiples limitaciones, supuso la realidad de un autogobierno. La Generalitat republicana desarrollaría, gracias a la labor de sus dos presidentes, Francesc Macià (1931-1933) y Lluís Companys (1934-1939), una gran tarea, a pesar de la grave crisis económica, sus repercusiones sociales y las vicisitudes políticas del periodo, entre ellas su suspensión en 1934, con motivo de los incidentes acaecidos en Barcelona en octubre de dicho año.

En cuanto al movimiento obrero, destaca la crisis de la CNT con la escisión de los treinta y la formación del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y del Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC).

Catalunya durante la Guerra Civil


Tras la victoria electoral de las izquierdas en febrero de 1936, tuvo lugar en julio el fallido golpe de estado contra la República, que desembocaría en la guerra civil. La derrota de la rebelión militar en Catalunya supuso su incorporación al bando republicano. El desarrollo de la guerra en Catalunya se caracterizó en una primera fase por una situación de doble poder: el nominal de la Generalitat y el real de las milicias populares armadas y el Comité Central de Milicias Antifascistas de Catalunya. Los enfrentamientos entre los partidos obreros fueron muy violentos y se saldaron con la derrota de la CNT-FAI y el POUM, sobre el cual el PSUC desató una fuerte represión. Esta situación se resolvería progresivamente a favor de la Generalitat, pero al mismo tiempo vería reducida su autonomía por el gobierno central. El esfuerzo bélico de la Generalitat se concentró en dos frentes: Aragón y Mallorca, siendo la segunda un verdadero fracaso. El frente de Aragón resistió con firmeza hasta 1937, cuando la ocupación de Lleida y Balaguer lo desestabilizó.

Finalmente las tropas franquistas rompieron en dos el frente republicano al ocupar Vinaroz, lo que aisló a Catalunya del resto. La derrota de los ejércitos republicanos en labatalla del Ebro supuso la ocupación de Catalunya entre 1938 y 1939 por las tropas franquistas, que suprimieron la autonomía e instauraron un régimen dictatorial, que supondría fuertes estragos contra el catalanismo y la cultura catalana.

El franquismo


El franquismo (1939-1975) supuso en Cataluña, como en el resto de España, la anulación de las libertades democráticas, la prohibición y persecución de los partidos políticos, la clausura de la prensa no adscrita al régimen y la eliminación de las entidades izquierdistas. Además, se suprimieron el Estatuto de Autonomía y las instituciones de él derivadas, y se persiguió con sistematicidad la lengua y la cultura catalanas en muchas de sus manifestaciones públicas e incluso (en los primeros tiempos) privadas. A pesar de ello y por ejemplo, durante este periodo se permitió la publicación de varios millares de libros, con una tirada total de millones de ejemplares. Cualquier signo de resistencia fue suprimido con energía, en los primeros años se multiplicaron los campos de concentración donde los detenidos vivían en condiciones precarias, las cárceles se llenaron a rebosar y miles de ciudadanos tuvieron que exiliarse.

Además, 4.000 catalanes fueron ejecutados entre 1938 y 1953, entre ellos el presidente de la Generalitat Lluís Companys, por mantenerse fieles a la legalidad republicana.

Tras la primera etapa de economía autárquica, en la década de los años 1960 la economía entró en una etapa de modernización agrícola, de incremento de la industria y recibió el impacto del turismo de masas. Catalunya fue también una de las metas del movimiento migratorio, que dio a Barcelona y a las localidades de su entorno un crecimiento acelerado. También se desarrolló fuertemente la oposición antifranquista, cuyas manifestaciones más visibles en el movimiento obrero fueron Comisiones Obreras, desde el sindicalismo, y el PSUC.

En la década de los años 1970, el conjunto de fuerzas democráticas se unificaron alrededor de la Asamblea de Catalunya. El 20 de noviembre de 1975 falleció el Jefe del Estado Español Francisco Franco, hecho que abriría un nuevo período en la historia de Cataluña.

La Transición democrática


Con la muerte del general Franco, se inició el periodo conocido como transición democrática, a lo largo del cual se irían alcanzando las libertades básicas, consagradas por la Constitución española de 1978. En ella se reconoce la existencia de comunidades autónomas dentro de España, lo que da lugar a la formulación del Estado de las Autonomías.

Tras las primeras elecciones generales, en 1977, se restauró provisionalmente la Generalidad, gracias al impulso de la sociedad civil catalana (representada por la masiva manifestación que tuvo lugar en Barcelona el 11 de septiembre de ese año) y la iniciativa del Gobierno de Adolfo Suárez, apoyada por el Rey de España y las altas instancias del Estado. Al frente de la Generalidad restaurada se situó Josep Tarradellas, que había preservado la legalidad del autogobierno catalán como Presidente en el exilio, tras declarar su adhesión al Rey y al proceso de reforma política. Tarradellas constituyó un gobierno autónomo provisional compuesto por representantes de las fuerzas más relevantes en aquel momento.

En 1979, se aprobó finalmente un nuevo Estatuto de Autonomía de Catalunya, netamente superior al de 1932 en algunos aspectos como enseñanza y cultura, pero inferior en otros como justicia, finanzas y orden público. En él, Catalunya se define como “nacionalidad”, se reconoce el catalán como “lengua propia de Catalunya” y alcanza la oficialidad junto al castellano. Tras su promulgación, tuvieron lugar las primeras elecciones catalanas, que dieron la presidencia de la Generalitat a Jordi Pujol, de Convergència i Unió, cargo que ostentaría, tras seis triunfos electorales consecutivos, hasta el año 2003.

El 5 de noviembre de 1992, España ratificó en Estrasburgo, la Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias, por la que adquiere entre otros, el compromiso de reconocerlas, respetarlas y promoverlas.

En 1992 Barcelona celebró los Juegos Olímpicos, que sirvieron para dar a Catalunya y a España un reconocimiento internacional. A lo largo de la década de los años 1990, la ausencia de mayorías absolutas en el gobierno español apenas contribuyó a ampliar las competencias autonómicas, a pesar del apoyo de CiU al último gobierno de Felipe González (1993-1996) y al primero de José María Aznar (1996-2000).

Fuente: Wikipedia

Catalunya: Siglo XIX

En 1808, Cataluña fue ocupada por las tropas de Duhesme, general de Napoleón, tras el comienzo de la Guerra de Independencia Española en Móstoles. Durante el conflicto, Catalunya fue incorporada al Imperio Francés y dividida en departamentos. El dominio francés se extendió hasta 1814, cuando el general Wellington firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento. Es digno de destacar el asedio al que fue sometida Gerona, defendida por sus habitantes, bajo la dirección del general Álvarez de Castro y ayudado externamente por el capitán Juan Clarós y sus 2500 hombres donde los franceses perdieron gran cantidad de hombres y medios hasta conseguir rendirla con el hambre, las epidemias y el frío el 10 de diciembre de 1809

Durante el reinado de Fernando VII (1808-1833) se sucedieron diversas sublevaciones en territorio catalán y tras su muerte, el conflicto por la sucesión entre el infante Carlos María Isidro y los partidarios de Isabel II dio lugar a la primera guerra carlista, que se prolongaría hasta 1840, especialmente virulenta en territorio catalán. La victoria de los liberales sobre los absolutistas dio pie al desarrollo de la revolución burguesa bajo el reinado de Isabel II. Estos se dividieron pronto en moderados y progresistas, mientras que en Catalunya se empezaba a desarrollar el republicanismo. También coincide con el avance de la industrialización y el consecuente surgimiento de una nueva clase social, el proletariado, que soportaría condiciones de vida y trabajo inhumanas.

La industrialización estaría marcada por una grave escasez de recursos energéticos propios y la debilidad del mercado interior español, además de por las presiones para adoptar políticas proteccionistas que evitaran la competencia de productos extranjeros. A partir del segundo tercio del siglo se desarrolló también la Renaixença, un movimiento cultural de recuperación del catalán como lengua de cultura, que empezaba a superar así su larga etapa de decadencia.

El desarrollo del reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la ineficacia administrativa, el centralismo y las tensiones políticas y sociales, se tradujo en un progresivo aumento de la agitación social y en el desarrollo de la ideología republicana y federal. De ahí que cuando en 1868, estalló la Revolución de septiembre, también conocida como La Gloriosa, producto de la crisis económica que vivía España, que dio lugar al llamado Sexenio Revolucionario, los acontecimientos se vivieran apasionadamente.

Entre los hechos más destacados se encuentran el gobierno del general Prim y su asesinato, la revuelta federal de 1869, la instauración de la monarquía de Amadeo I, la proclamación de la Primera República Española, el estallido de la tercera guerra carlista y la difusión de las ideas de la Primera Internacional.

En 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto dio paso a la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII. Es este un periodo de estabilidad política, de represión del movimiento obrero, de desarrollo de la actividad política en Catalunya, que se extendería hasta inicios del siglo XX, momento en que afloraría nuevamente la oposición política, especialmente de republicanos y catalanistas y las tensiones sociales.

Fuente: Wikipedia

viernes, 10 de abril de 2009

Catalunya: Siglo XVIII

Con la muerte del rey Carlos II y su sucesión por parte de Felipe V (1700) se instaló en el trono hispánico una nueva dinastía, la Casa de Borbón, reinante en Francia, que sustituía a la de los Habsburgo. Esta circunstancia llevó a la formación de la Gran Alianza de la Haya por parte de Inglaterra, las Provincias Unidas y el Sacro Imperio Romano Germánico a favor de los derechos del archiduque Carlos de Austria, iniciándose así la Guerra de Sucesión Española.

Aunque en Catalunya se aceptó inicialmente a Felipe V, y éste había jurado y prometido guardar sus fueros, la oligarquía catalana alegando formas absolutistas y centralistas por parte del nuevo monarca, y su política económica pro-francesa, pronto abrió una etapa de hostilidad y oposición que culminó con el ingreso del Principado (pacto de Génova) y de toda la Corona de Aragón, salvo el Valle de Arán y algunas ciudades, en la Alianza de la Haya. Así, mientras en los reinos de Castilla y de Navarra Felipe V era comúnmente aceptado, en la Corona de Aragón, Carlos, instalado en Barcelona, era reconocido como rey Carlos III. Aunque el apoyo al archiduque en la Corona de Aragón no fue unánime (ciudades como Cervera permanecieron fieles a Felipe V), sí fue abrumadoramente mayoritario.

La evolución posterior de la guerra, desfavorable a las posibilidades de Carlos, y los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714), dejaron a la Corona de Aragón internacionalmente desamparada frente al poderoso ejército franco-castellano de Felipe V, quien ya había manifestado su intención de suprimir las instituciones propias. A pesar de la resistencia a ultranza, como ocurrió con Aragón y Valencia (1707), todo el territorio catalán fue invadido y Barcelona finalmente capituló el 11 de septiembre de1714.

Una cruenta y sistemática represión fue acompañada por los Decreto de Nueva Planta (Aragón y Valencia en 1707, Cataluña en 1716), por los que se desmantelaron totalmente las instituciones propias. Con ello se anexionaba la Corona de Aragón al reino de Castilla y se ponía fin así a la unión dinástica que había dado origen a la Monarquía Hispánica de los Austrias.

En Cataluña se creaba una nueva estructura territorial y administrativa a imagen de la de Castilla (excepto en el Valle de Arán), se instauraba el catastro y otros impuestos por los que la monarquía conseguía por fin sus objetivos de control económico, se centralizaban todas las universidades catalanas en Cervera, como premio a su fidelidad y para controlar mejor a las élites cultivadas (situación que se prolongó hasta 1842), se desterraba progresivamente la lengua catalana de los ámbitos públicos y de gobierno en favor del castellano, y se construía una poderosa cuidadela o fortaleza en Barcelona para dominar al Principado y a su capital[cita requerida].

A pesar de la difícil situación interna, Cataluña lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial (especialmente gracias al comercio con América, abierto solo a partir de 1778), transformaciones éstas que marcarían la crisis del Antiguo Régimen y posibilitarían después la industrialización, un primer proceso de la cual se daría en el siglo XVIII, especialmente centrado alrededor del algodón y otras ramas textiles.

A finales de siglo, sin embargo, las clases populares empezaron a notar los efectos del proceso de proletarización que ya se manifestaba, lo cual dio lugar a diferentes situaciones críticas hacia finales de ese siglo. En la década de los noventa se iniciaron además nuevos conflictos en la frontera con Francia, derivados de las consecuencias de la Revolución Francesa.

Fuente: Wikipedia

Catalunya: Siglo XVII

En 1600, y ya desde 1580 la crisis económica había minado a los reinos peninsulares unificados bajo un solo rey; el ejército, los tercios, seguían siendo una fuerza de élite, pero ya no disponían de la abrumadora superioridad tecnológica del siglo XVI, el norte de Flandes de había independizado y en América los reinos españoles mantenían la superioridad, pero sufrían el acoso de piratas y la expansión inglesa, francesa y holandesa. Mientras que en Asia se perdían factorías de puestos portugueses, con peor defensa posible que los Americanos (con más población fiel a la corona y con fácil apoyo entre sus partes). En esta tesitura comienza en 1618 la guerra de los 30 años, y que llevaría a la Francia de Richelie, y al francés como potencias Europeas de primer nivel, rompiendo la supremacía de las dos superpotencias hasta la época (el Imperio Otomano, y el Corona de los reinos Españoles). Europa pasa al equilibrio entre potencias; y esto gracias a la habilidad en la política internacional de Richelieu, al dinero del Reino de Francia, a la división religiosa y al podería militar del reino de Suecia, que imprimió la primera derrota en batalla campal a los tercios. En 1648, al final de la guerra de los 30 años, tras la paz de Westfalia, se abre un nuevo mundo de equilibrios de poder.

La crisis económica, los nuevos impuestos y las nuevas necesidades militares llevan a que se produzca el primer intento secesionista de Cataluña. Las razones de fondos son de dos tipos, en primer lugar por las llamadas "causas antiguas" (reducción de los privilegios medievales de la nobleza desde la unión de Aragón y Castilla, no convocatoria y presidencia de las Cortes, introducción de algunos de los impuestos que se pagaban en Castilla, y la introducción en Barcelona de la Inquisición nueva en sustitución de la vieja Inquisición que ya operaba desde la Edad Media, y que fue el modelo por el cuál se implantó la Inquisición en Castilla en la época de los Reyes Católicos); y "causas nuevas" (la presencia en territorio catalán de tropas extranjeras a sueldo del rey, considerando como tales a castellanas y aragonesas necesarias para defender las fronteras contra Francia en la guerra, pero nunca deseables en tu territorio, y el desempeño de cargos públicos por personas no catalanas. Y en segundo lugar por la política centralizadora del Conde-Duque de Olivares, que pretendía unificar los reinos de Aragón y Castilla, reorganizar y subir el pago de impuestos para mantener la guerra de los treinta años. Se puede resumir los principales problemas en crisis económica, el malestar de la guerra, la presencia de tropas para proteger la frontera contra Francia, dadas a los abusos de los ejércitos de la época; y la petición de nuevos impuestos y levas para mantener el esfuerzo militar durante la guerra.

Durante la guerra existente entre Francia y España desde 1635, los franceses invadieron el Rosellón al mando de Condé y se apoderaron de la villa y la plaza de Salces. Los catalanes levantaron sus somatenes y formaron, con ayuda de soldados reales, un ejército de 25.000 a 30.000 soldados al mando del virrey Santa Coloma, que recuperó la plaza el 6 de enero de 1640, tras lo que Olivares pretendió llevar la guerra al interior de Francia y forzar la paz. Con esta intención se ordenó una leva forzosa de unos 5000 soldados catalanes, enervando aún más los ánimos, con lo que a mediados de marzo los conselleres (Pau Clarís) y la Diputación empredieron negociaciones secretas con Richelieu que fueron ratificadas a finales de mayo.

En 1640 comienza la revuelta de Independencia en Portugal con apoyo de Francia e Inglaterra. Un gran éxito para la diplomacia internacional francesa que abre un nuevo frente para las tropas del rey de "los Reinos Españoles", que ya había visto como comenzaba una revuelta en Nápoles y Sicilia.

El 22 de mayo (1640) llegaron a Barcelona 3000 campesinos del Vallés armados y encabezados por los obispos de Vic y Barcelona. De regreso al Ampurdan, asesinaron a los oficiales del rey refugiados en los conventos obligándoles a retoceder hacia el Rosellón cometiendo estos, actos de venganza en Calonge, Palafrugell, Rosas y otros pueblos.

El 6 de junio, que era la festividad de Corpus (día que posteriormente ha sido recordado con el nombre de Corpus de Sangre), los segadores entraron en la ciudad de Barcelona en busca de trabajo en la siega, siendo acompañados por rebeldes armados, cometiendo distintos saqueos y asesinatos, con una respuesta de los soldados del rey que apresan a un segador prófugo de la justicia por asesinato. La resistencia de los segadores contra la detención de su compañero, los disturbios y combates posteriores y los incidentes sangrientos dan origen a la guerra civil entre los catalanes realistas y los catalanes independentistas y que simpatizaban con el espíritu del levantamiento, aunque el levantamiento comenzó en un primer momento como una revuelta contra las tropas del rey, contra la nobleza y la burguesía, que sufrieron numerosos asaltos, saqueos y asesinatos a manos de los levantados en los primeros momentos.

El embajador francés, Du Plessis Besancon, se reunió en Barcelona con el presidente de la Generalidad, Pau Claris, con la intención de convertir a Cataluña en república independiente bajo la protección de Francia. Se alcanzó un acuerdo mediante la firma del tratado el 16 de diciembre de 1641 y Cataluña se sometió a la soberanía del rey Luis XIII de Francia.

En 1643 murieron Richelieu, el rey Luis XIII y Felipe IV prescindió del Conde Duque de Olivares, lo que supuso un cambio de tendencia en la Guerra y aunque las tropas francesas entraron en Catalunya como aliados de los catalanes, pronto fue evidente para ellos que los soldados franceses se comportaban de igual modo a como lo habían hecho los de Felipe IV .

Un año después recuperaron Lleida y las comarcas leridanas, que nunca más volvieron a caer en manos enemigas.

En 1648 termina la guerra de los 30 años con la Paz de Westfalia, lo que deja libres a las tropas del rey para intervenir en la revuelta en Cataluña.

En 1649 los realistas avanzaron hasta casi Barcelona, donde el comportamiento de los franceses hizo inclinarse la balanza nuevamente a favor de Felipe IV produciéndose incluso varias conspiraciones en este sentido, siendo de destacar la protagonizada por doña Hipólita de Aragón, baronesa de Albi.

En 1651 don Juan de Austria, puso sitio a Barcelona recuperando en menos de un año: Mataró, Canet, Calella y Blanes. San Feliú de Guixols y Palamós. La Diputación general, reconoció a Felipe IV, provocando la huida de Margarit (presidente de la Diputación tras la muerte de Clarís) y sus partidarios a Francia. La ciudad, en estado de peste después de un año de asedio, se rindió a don Juan de Austria el 11 de octubre de 1652, poco después el 3 de enero de 1653 Felipe IV confirmó los fueros catalanes, con algunas reservas.

El fin de la guerra se saldó con la anexión del Rosellón, el Conflent, el Vallespir y parte de la Cerdaña a la corona francesa, anexión confirmada en el Tratado de los Pirineos(1659), aunque en la Cataluña Transpirenaica Francesa los fueros catalanes fueron derogados en 1660 y el uso del Catalán poco después incumpliendo El Rey Luis XIV de Francia este tratado.

Fuente: Wikipedia

Catalunya: Siglo XVI

Ya desde los tiempos de los Reyes Católicos los catalanes participan directamente en las expediciones y campañas militares españolas. El almirante Cardona conquista Mers-el-Kebir (conocida tradicionalmente en las crónicas españolas como Mazalquivir) en 1505. Pere Bertran i de Margarit , ampurdanés, acompaña a Colón en su segundo viaje.

En el siglo XVI, la población catalana inició una recuperación demográfica y una cierta recuperación económica. El reinado de Carlos I fue para Cataluña una etapa de armonía en la nueva estructura que formaban ahora los reinos hispánicos.

Cuando llega Carlos I de España, un rey que permaneció poco tiempo en la península, toma como base de operaciones a Castilla, con una población de 6 millones (entre los reinos más poblados de Europa en la época), una pujante economía (Flandes, Portugal y el Norte de Italia eran las otras economías más desarrolladas del continente), y el descubrimiento de América por el reino de Castilla, y su nuevo ejército que gracias a el Gran Capitán era el más poderoso de Europa, lo convertía en la fuente perfecta para sus ambiciones expansionistas e imperiales, siendo la base principal de impuestos y de reclutamiento de tropas. Mientras que Cataluña con sus 300.000 habitantes, se libraban de llevar esta pesada carga, en Castilla se producía la "revuelta de los comuneros" por los nuevos impuestos para pagar los ejércitos y los sobornos para los príncipes electores alemanes para ser nombrado "Emperador del Sacro Imperio Romano", las mayores cantidades de oro pagadas hasta la época, así como porque la pequña nobleza y la burguesía tenían las vistas puestas en la expansión ultramarina, y no en la expansión europea del nuevo rey, que había nacido y crecido en Flandes (actuales Holanda, Bélgica y parte de Francia). Esta revuelta fue aplastada por los tercios que volvieron de Italia, con el apoyo de la polbación de Navarra y Vascongadas (que recibieron los fueros del rey en agradecimiento por su apoyo), y con el apoyo de la gran nobleza, en contra de la pequeña nobleza y la burguesía de las ciudades. A largo plazo, las necesidades militares y los elevados impuestos, como la alcabala que debía ser pagado cada vez que se producía una operación comercial o de transporte , llevaron al reino de Castilla a la quiebra. La ventaja de la Corona de Aragón al evitar el pago de estos elevados impuesto en favor del rey y para la defensa del reino (no se enviaban grandes números ni en tropas ni dinero), no evitaba tener elevados impuestos en la Corona de Aragón, aunque esta vez a favor de los nobles, y que temían perderlos en favor del rey.

El hecho de que el descubrimiento de América y que por tanto los derechos sobre ella estuvieran en el reino de Castilla, alejó a la Corona de Aragón de sus ventajas hasta la unificación con el reino de Castilla con la llegada de los Borbones en la guerra de Sucesión. Aunque el reino de Aragón se había opuesto a una unificación con el reino de Castilla, puesto que la nobleza que integraba las cortes de Aragón suponían que esta sería una dilución de sus poderes, y tener que soportar la mayor carga impositiva que tenía el reino de Castilla.

Durante el reinado de Felipe II la Corona de Aragón continúa sin soportar el mantenimiento militar de los reinos. Ello se explica por la negativa de la corona de Aragón a proveer de más tropas y fondos al rey y la defensa y expansión de sus dominios, así como por el paso del peso político y económico internacional del Mediterráneo alAtlántico, la debilidad del condado de Cataluña, siendo la preeminencia del reino de Valencia en el espacio de la vieja confederación una cuestión de menor importancia.

El reinado de Felipe II marcaría, en cambio, el inicio de un proceso de deterioro, la crisis económica que comienza en Castilla en 1580 y los elevados impuestos que se atenazan sobre el reino vecino, llevando a este a una gran ´pérdida de población, llegando la meseta y salvo Madrid, a tener menos población en la actualidad que antes de 1580; la economía de Cataluña se resiente, pero se mantiene la unidad del reino. Entre los elementos más negativos de este periodo destacan la piratería berberisca sobre las zonas costeras y el bandolerismo en las zonas interiores. La nueva dinámica y las nuevas fidelidades que generaba originaron también un retroceso en la lengua y en la cultura catalanas, que iniciaron una etapa de decadencia, tras la pujanza de los siglos anteriores.

Durante el reinado de Felipe II, hubo catalanes, como Luis de Requesens que participaron activamente en la política exterior "las Españas" (o de los reinos españoles), tanto diplomáticamente como por el uso de las armas, como súbditos de la corona y del rey.

Fuente: Wikipedia

Catalunya: Siglo XI al XV

El siglo XI se caracteriza en Catalunya por el desarrollo de la sociedad feudal, como consecuencia de las presiones señoriales para desarrollar lazos de vasallaje con los campesinos libres (alodiales, en catalán aloers). Los años centrales del siglo se caracterizaron por una guerra social virulenta, donde la violencia señorial arrolló a los campesinos, gracias a las ventajas que obtenían de las nuevas tácticas militares, la caballería pesada, y basadas en la contratación de mercenarios bien armados y a caballo.

Así, a finales del siglo, la mayoría de los campesinos propietarios se habían convertido en siervos sometidos al señor. Este proceso coincidió con un debilitamiento del poder de los condes y la división del territorio en numerosos señoríos, que con el tiempo daría paso a la articulación de un Estado feudal basado en complejas fidelidades y dependencias, en lo alto del cual se encontraría el conde de Barcelona, tras el triunfo sobre el resto de señores de Ramón Berenguer I. Con el tiempo, los condes de Barcelona vincularían todos los demás condados catalanes al condado que posteriormente pasaría a formar parte de la Corona de Aragón.




La Corona de Aragón en el siglo XV



Hasta mediados del siglo XII, los sucesivos condes de Barcelona intentaron ampliar sus territorios en múltiples direcciones y por diversos medios. Ramón Berenguer III (1082-1131) incorporó mediante alianza matrimonial el condado de Besalú (1111), recibió por herencia el de Cerdaña (1117 o 1118), y conquistó por la fuerza parte del condado de Empuries (entre 1123 y 1131). Más allá de los Pirineos, también controló el de Provenza (desde 1112), que al morir legó a su segundo hijo Berenguer Ramón. Por su parte, en 1118 la Iglesia catalana se independizó de la sede de Narbona y fue restaurada la sede de Tarragona.

Más tarde, bajo el gobierno del conde Ramón Berenguer IV (1131-1162), se produjeron diferentes hechos fundamentales para la historia de Catalunya. El primero, su boda con Petronila de Aragón, lo que supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón, por lo que con el tiempo el territorio común sería conocido como Corona de Aragón. Fruto de esta unión fue que Ramón Berenguer pasó a ser el princeps o dominador de Aragón, ya que el rey aragonés Ramiro le hizo donación de su hija y de su reino para que la tuviera a ella y al reino en dominio , y se retiró a la vida monástica, aunque nunca cedió su dignidad real, esto es, que en adelante sería rey, señor y padre de Ramón Berenguer tanto en Aragón como en todos sus condados. De modo que, según Ubieto o Montaner, entre otros historiadores, se produjo un prohijamiento por el cual Ramón Berenguer pasaba a ser un miembro más de la Casa de Aragón.

La unión del condado de Barcelona y el reino de Aragón no fue, pues, el fruto de una fusión ni de una conquista, sino el resultado de una unión dinástica pactada. De hecho, los territorios que compusieron la Corona mantuvieron por separado sus propias leyes, costumbres e instituciones, y los monarcas reinantes tuvieron que respetar estas bases.

En lo sucesivo, Ramón Berenguer IV materializó las nuevas conquistas políticamente diferenciadas asignadas a título personal como marquesados. Conquistó Tortosa yAmposta en 1148, y Lérida en 1149 gracias a una ofensiva conjunta con el conde Ermengol VI de Urgel. Estos territorios fueron repoblados a lo largo del siglo XII y suelen recibir el nombre genérico de Cataluña Nueva, para distinguirlos de los antiguos condados carolingios que conformaban el área oriental de la Marca Hispánica, denominados Cataluña Vieja. La línea de separación entre ambas áreas geográficas suele establecerse en la línea delimitada por los ríos Llobregat, su afluente el Cardener, y el Segre.

A finales del siglo XII, diferentes pactos con el reino de Castilla delimitaron las futuras zonas donde desarrollar nuevas conquistas de territorio musulmán, pero en 1213, la derrota de Pedro II el Católico en la batalla de Muret acabó con el proyecto de consolidación del poder aragonés sobre Occitania. Tras un periodo de agitación, en 1227, Jaime I el Conquistador asumió plenamente el poder como heredero al trono de la Corona de Aragón y se inició la expansión territorial sobre nuevos territorios.

En las Cortes de 1188 se establecieron los límites del Principado de Cataluña, definido como el territorio que estaba bajo la jurisdicción de dichas Cortes, y que delimita "desde Salses a Tortosa y Lérida y sus ríos" (Constitución XVIII).

A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII se incorporan a la corona las Islas Baleares y Valencia. Éste último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un tercer reino de la Corona de Aragón, con Cortes propias y unos nuevos fueros: los Furs de València. En cambio, el territorio mallorquín, junto a los condados de Rosellón y Cerdaña, la ciudad de Montpellier y los señoríos de Omeladés y Carladés, sería entregado en herencia su segundo hijo, Jaime, y formarían el reino de Mallorca, iniciándose así un periodo de tensión interna que concluiría con su anexión a la Corona de Aragón en 1343, por parte de Pedro IV el Ceremonioso.

Entre las décadas finales del siglo XIII y las primeras del XIV, Cataluña vivió épocas de gran plenitud, en las que experimentó un fuerte crecimiento demográfico y una expansión marítima por el Mediterráneo. Esta época coincide con los reinados de Pedro III el Grande, que invadió Sicilia (1282) y tuvo que defenderse de una cruzada francesa contra Cataluña; de Alfonso III el Liberal, que se apoderó de Menorca, y de Jaime II, que invadió Cerdeña y con quién el poderío catalán alcanzó su máxima expansión económica en la Edad Media. Sin embargo, desde el segundo cuarto del siglo XIV se inició un cambio de signo para Cataluña, marcado por la sucesión de catástrofes naturales y crisis demográficas, el estancamiento y recesión de la economía catalana y el surgimiento de tensiones sociales.

El reinado de Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) se caracterizó por graves tensiones bélicas, entre las que se cuentan la anexión del reino de Mallorca, el sofocamiento de una rebelión sarda, de la rebelión de los unionistas aragoneses y valencianos y, sobre todo, la guerra con Castilla. Estos episodios generaron una delicada situación financiera, en un marco de crisis demográfica y económica, pero también un poderoso desarrollo institucional y legislativo, en el que destaca la creación de la Diputación General de Cataluña o Generalidad de Cataluña (1365).

La muerte sin descendencia y sin el nombramiento de sucesor del rey Martín I el Humano en 1410 abrió, además, una grave crisis sucesoria. Ello abrió un periodo de interregno, durante el cual la situación progresivamente iría evolucionando a favor del poderoso candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera, quien, tras el Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado monarca de la Corona de Aragón.

El sucesor de Fernando I de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, promovió una nueva etapa expansionista, esta vez sobre el reino de Nápoles, el cual dominó finalmente en 1443. Paralelamente, se agravó la crisis social en Cataluña, tanto por los conflictos rurales como urbanos. El desenlace de estos conflictos fue, en 1462, la rebelión de los remensas, protagonizada por los campesinos frente a las presiones señoriales y la guerra civil catalana, que se extendería por un periodo de diez años, tras los cuales la región quedó exhausta, los conflictos remensas no quedaron resueltos y Francia retuvo hasta 1493 los condados de Rosellón y Cerdaña, que fueron ocupados durante el conflicto.

El matrimonio de Fernando II de Aragón con Isabel la Católica, reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a su muerte, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y mantuvieron las cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda propias. Sería Fernando II de Aragón, el Católico, quien, con la sentencia arbitral de Guadalupe resolvió el conflicto remensa en 1486, reformó en profundidad las instituciones catalanas, recuperó pacíficamente los condados catalanes del norte y amplió la actuación de la corona sobre Italia.

En 1495 se pierde el Reino de Nápoles contra los franceses. Para volver a manos españolas tras la guerra 1500-1504 entre Francia y "las Españas", en el que las tropas castellanas, lideradas por El Gran Capitán, derrotaron en Ceriñola a los franceses pese a la superioridad numérica de estos. El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, fue el propulsor de las reformas militares que llevaron a la creación de "los tercios", tropas que dieron la superioridad militar a las Españas hasta el siglo XVII. Después de la muerte de Isabel la Católica, "el Gran Capitán" fue relevado del mando y volvió a la la península Ibérica, mientras que el rey Fernando sustituye las tropas castellanas y a sus mandos por tropas procedentes de la Corona de Aragón.

A partir de esta fecha el Reino de Nápoles y Sicilia fue gobernado por Virreyes que tenían que rendir cuentas al rey de "las Españas" o "de España".

Fuente: Wikipedia

Catalunya: Siglo III al X

La crisis del siglo III que afectó al Imperio Romano y que originaría su decadencia afectó gravemente al actual territorio catalán, donde se han detectado importantes niveles de destrucción y procesos de abandono de villas romanas. También de este siglo son las primeras noticias documentales de la presencia del cristianismo en Cataluña. Aunque los datos arqueológicos indican la recuperación de algunos núcleos, como Barcino (Barcelona), Tarraco (Tarragona) o Gerunda (Girona), la situación no volvió a ser la de antes, las ciudades se amurallaron y los núcleos se redujeron.

En el siglo V, con motivo de la invasión generalizada del Imperio Romano por parte de los pueblos germánicos. El pueblo germano de los visigodos que había obtenido permiso para entrar en el Imperio, y colaborar en la defensa de los limes en la actual Bulgaria como aliados romanos; fueron liderados por Ataúlfo tras la situación de marginación dentro de la sociedad romana y de extrema pobreza de este grupo étnico. Ataúlco fue un visigodo y general romano que llegó al máximo escalafón militar dentro del ejército romano, y que lideró la rebelión visigoda, llegando a Italia y a Roma, venciendo o esquivando a las legiones romanas, y llegando a conquistar a la hasta entonces invicta ciudad de Roma (1º saqueo). Como acuerdoentre los romanos y los visigodos, y para que estos volvieran a aceptar el orden romano, sus leyes, dejaran de saquear Italia, y volvieran a ser fieles aliados, se les entrega Hispania, y parte de Francia. Los visigodos llegan a la península Ibérica por la principal vía romana, instalándose en la ciudad Tarraconense en (410). Y cuando en el 475 el rey visigodo Eurico formó el reino de Tolosa, incorporó el actual territorio catalán, con gobierno primero desde Tolosa y luego desde Toledo.

Los visigodos dominaron el territorio hasta inicios del siglo VIII, cuando en mitad de una guerra civil visigoda por la sucesión del reino penínsular, una de las partes llama a la potencia emergente, el Imperio Omeya, los musulmanes que ya estaban en Marruecos y cuyo imperio se extendía hasta la India; en busca de ayuda y para que decidiera la guerra a su favor. Pero como suele pasar con las grandes potencias extranjeras, una vez que entran, no salen; después de derrotar a las tropas fieles al rey legítimo de la península visigoda, Roderic (don Rodrigo), en la batalla de Guadalete, y con apoyo de los visigodos rebeldes que aspiraban al poder conquistan rápidamente la península hasta el norte (Gigia-Gijón cayo en manos musulmanas, y la resistencia se mantuvo en las montañas asturianas de Cangas y Covadonga). La conquista relámpago musulmana se basaba en un ejército de 30.000 hombres (los romanos tenían un ejército de 50.000 para la defensa del Imperio de Occidente y otros 50.000 para la defensa del Imperio de Oriente), en soldados fánáticos que luchaban hasta el final, en las tácticas de caballería ligera que tan bien funcionaron en terrenos abiertos (las mismas que usó Gengis Khan con ayuda de la pólvora), en la debilidad de un reino dividido en mitad de una guerra civil, en la desidia de un pueblo dominado (la inmensa mayoría eran exclavos en la época romana, y gobernados desde Roma), este pueblo eran gobernados por un grupo extranjero que marginaba y "poseía" al resto de la población, el grupo germánico de los visigodos (la alianza entre visigodos y población local no se produjo hasta la época de la "reconquista"), a la inmensa mayoría de la población la invasión les era indiferente, era cambiar un dueño por otro; la orden religiosa del cristianismo en contra de la guerra (que no cambió hasta finales del siglo XI con el encumbramiento de la clase caballeresca, (aprox. 1075) y las cruzadas desde 1100), el miedo a represalias y guerra de terror, la tolerancia con los sometidos "sin resistencia", la facilidad para mantener el poder de las clases dominantes si cambiaban de bando, con pocas perdidas y solo con un ligero impuesto, así como para el resto de la población, los no musulmanes solo tenían que pagar un ligero impuesto, y en algunos casos, la entrega de las tierras que no poseían a los nuevos conquistadores (las mejores para los árabes y yemeníes, las peores para los bereberes).

En el 718, la conquista musulmana llegó al noreste de la península y pasó a la Septimania, un proceso que tuvo lugar sin graves conflictos bélicos, excepto en algunos casos como el de Tarragona, algunos focos de resistencia aislados en el sur la meseta, levante y Asturias y Cantabria. El poder musulman se extendía por Francia ya desde 719, Narbona, Carcasona, hasta Toulouse, e incluso Burdeos, en una continuada expansión hasta centro-Europa, y con la única resistencia efectiva peninsular en Asturias, donde comienza un nuevo reino. La posterior reacción carolingia ante la presión islámica liderada por Carlos Martel, duque de Eudes; la reacción de un inmenso Imperio que iba del norte de Italia, Francia y Alemania, Prusia y Austria, con su poderoso ejército de caballería pesada (con cotas de malla), puso freno a la expanión musulmana por Europa en la batalla de Touluse en 721, y los hizo retroceder a raíz de la batalla de Poitiers en el 733, llegando a liberar Narbona en 759 por Pipinio el Breve. Y se continúa con el proceso de crear una marca Franca que sirva de frontera para el Imperio Franco (tribu germana), el futuro condado de Barcelona. Esto supuso la ocupación por su parte durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona, tras la cual se formó una región fronteriza que seguía aproximadamente el curso de los ríos Llobregat, Cardener y el curso medio del Segre. Los dominios del Imperio Carolingio delimitados por esta área fronteriza con Al-Ándalusy los Pirineos serían conocidos con el nombre de Marca Hispánica, aunque a diferencia de otras marcas carolingias nunca se constituyó formalmente como tal. Este territorio se organizaba políticamente en diferentes condados dependientes del rey franco.

A finales del siglo IX, el monarca carolingio Carlos el Calvo designó a Guifré el Pilós  (Wifredo el Velloso), un noble descendiente de una familia del Conflent, conde de Cerdaña y Urgel (870), y conde de Barcelona y Gerona (878), lo cual suponía la reunión bajo su mando de buena parte del territorio catalán. Guifré fue el primer conde en transmitir la gobernación de sus territorios directamente a sus descendientes, debido a la crisis en que estaba sumido el Imperio y al consiguiente aumento de poder de los gobernantes locales en los territorios fronterizos. Aunque a su muerte Guifré  repartió sus condados entre sus hijos, se mantuvo la unidad entre Barcelona, Gerona y Osona, excepto durante un breve periodo. Se atribuye a la política de Guifré la repoblación de Osona, así como la fundación de los monasterios de Ripoll y San Joan de las Abadesas, y la restauración de la sede episcopal de Vic.

Durante el siglo X, los condados catalanes se convirtieron en verdaderos condados independientes del poder carolingio, según el poder central del Imperio se debilitaba, y las guerras civiles, de sucesión, hacían su trabajo de desgaste, un hecho que el conde Borrell II oficializó en el 987 al no prestar juramento al primer monarca de la dinastía de los Capeto. En estos años de formación de los condados catalanes, se desarrollaron los primeros pasos de repoblación del territorio tras la invasión musulmana, trayendo grandes contingentes de población de los territorios dentro del Imperio Carolingio que eran dominios poseídos por los Cóndes de Barcelona como súbditos del Imperio, la repoblación se hizo principalmente con población del sur de Francia (las diferencias con la población actual del sur de Francia vienen a raíz de la aniquilación de esta población en las guerras contra la herejía de los Cátaros, y el repoblamiento con población del norte de Francia). Así, durante los siglos IX y X se creó una sociedad donde predominaban pequeños propietarios libres, llamados aloers, enmarcados en una sociedad agraria donde cada núcleo familiar producía lo que consumía, generando muy pocos excedentes, y típica de la Edad Media.

Fuente: Wikipedia

Catalunya: Edad Antigua

Este periodo se caracteriza, en una primera etapa, por la confluencia de diferentes culturas colonizadoras en el actual territorio catalán, en particular la griega y la cartaginesa, que darán lugar a la formación, como en el resto de la península, de la cultura ibérica.

De esta etapa es la formación de Emporion, en la costa gerundense, enclave comercial impulsado por la ciudad griega deFocea desde Massalia (actual Marsella), en el siglo VI a. C.

En lo que se refiere a la civilización ibérica, se ha constatado la existencia de diferentes tribus dispersas por tierras catalanas, entre ellos los indigetes (en el Empordà) los ceretanos (en la Cerdaña) o los airenosinos (en el Valle de Arán).

Se distinguen cuatro grandes periodos en el actual territorio de Cataluña. El inicial, que abarca del siglo VIII al VII a. C., que corresponde a una etapa de formación, en que los pueblos indígenas entran en contacto con pueblos colonizadores, y en el que aparecen los primeros objetos de hierro. El segundo es el periodo antiguo, del siglo VII a. C. a mediados del V a. C., en el que se consolida el proceso de iberización. Le sigue un período de plenitud, que va de mediados del siglo V hasta el siglo III a. C. Y, finalmente, la fase de decadencia, que se inicia en el 218 a. C. con la presencia de Roma, en que la cultura ibérica es absorbida por el potente impulso de la romanización.

La segunda etapa de la historia antigua en Cataluña corresponde al período de romanización, iniciado en el siglo III a. C. La llegada de los romanos a la Península Ibérica tuvo lugar en el 218 a. C., con el desembarco de Cneo Cornelio Escipión en Ampurias, con el objetivo de cortar las fuentes de aprovisionamiento de los ejércitos del cartaginésAníbal durante la Segunda Guerra Púnica.

Tras la derrota de los cartagineses y de diferentes tribus ibéricas sublevadas ante la presencia romana, en el 195 a. C., se completó prácticamente la conquista romana en territorio catalán y se inició el proceso de romanización, a través de la cual los distintos pueblos peninsulares fueron asimilados por la cultura romana y abandonaron sus propios rasgos.

El actual territorio catalán quedó englobado primero en la provincia llamada Hispania Citerior, para formar parte desde el 27 a. C. de la Tarraconense, cuya capital fue Tarraco(actual Tarragona).

Producto del periodo romano será la adopción de toda la estructura administrativa y las instituciones propiamente romanas, el desarrollo de una gran red urbana y viaria, la generalización de un sistema agrícola basado en la trilogía mediterránea (cereales, viña y olivo), la introducción de los regadíos, el desarrollo del derecho romano y la adopción del latín.

Fuente:  Wikipedia

Catalunya: Prehistoria

Los primeros pobladores del territorio que actualmente ocupa Catalunya se remontan a los inicios del Paleolítico Medio. Los restos más antiguos descubiertos corresponden a la mandíbula de un preneandertal encontrada en Banoyles de unos 25.000 años de antigüedad.

Entre los yacimientos más importantes de este periodo destacan el de las cuevas de Mollet (Serinyà, Pla de l'Estany), el Cau del Duc, en el macizo del Montgrí, el yacimiento de Forn d’en Sugranyes (Reus) y los abrigos Romaní i Agut (Capellades), mientras que para el Paleolítico Superior destacan los de Reclau Viver, la cueva de la Arbereda y la Bora Gran d’en Carreres, en Serinyà, o el Cau de les Goges, en Sant Julià de Ramis.

De la siguiente etapa prehistórica, el Epipaleolítico o Mesolítico, se han conservado importantes yacimientos, la mayor parte datados entre el 8000 y el 5000 a. C., como el de Sant Gregori (Falset) y el Filador (Margalef de Montsant)y, en lo que respecta a las manifestaciones artístico-creenciales, Arte levantino, el Cogul, Cabra Feixet (el Perelló) y Ulldecona.

El período Neolítico se inicia en tierras catalanas hacia el 4500 a. C., aunque en un grado de sedentarización de los pobladores mucho menor que en otros lugares, gracias a la abundancia de bosques, lo que propició que la caza y la recolección siguieran siendo actividades fundamentales y que el establecimiento de asentamientos se demorase en muchos lugares. Los yacimientos neolíticos más importantes de Cataluña son la cueva de Fontmajor (l'Espluga de Francolí), la cueva de Toll (Morà), las cuevas Gran i Freda de Montserraty los abrigos con arte esquemático del Cogul, Os de Balaguer, Albi, Tivissa y Alfara de Carles.

El período Calcolítico o Eneolítico se desarrolla en Cataluña entre el 2500 y el 1800 a. C., momento en el cual se construyen los primeros objetos de cobre.

La Edad del Bronce se sitúa cronológicamente en el período 1800-700 a. C., de la cual se conservan escasos restos, pero destacan unos poblados formados en la zona del Bajo Segre. La Edad del Bronce coincide con la llegada de los pueblos indoeuropeos, a través de sucesivos flujos migratorios que se desarrollan desde el año1200 a. C., responsables de la creación de los primeros poblados de estructura protourbana.

A partir de mediados del siglo VII a. C. el territorio catalán alcanza el período conocido como Edad del Hierro.

Fuente: Wikipedia

lunes, 6 de abril de 2009

Cien años de soledad

La novela Cien años de soledad fue escrita por Gabriel García Márquez durante 14 meses entre 1965 y 1967 en Ciudad de México. La idea original de esta obra surge en 1952 durante un viaje que realiza el autor a su pueblo natal, Aracataca (Colombia), en compañía de su madre. En su cuento Un día después del sábado publicado en 1954, hace referencia por primera vez a Macondo, y varios de los personajes de esta obra aparecen en algunos de sus cuentos y novelas anteriores. En un comienzo, pensó en titular su novela La casa, pero se decidió por Cien años de soledad para evitar confusiones con la novela La casa grande, publicada en 1954 por su amigo, el escritor también colombiano Alvaro Cepeda Samudio. La primera edición de Cien años de soledad fue publicada el 5 de junio de 1967 por la editorial Sudamericana de Buenos Aires a donde fueron enviados los originales por correo divididos en dos partes.

El libro se compone de 20 capítulos no titulados, en los cuales se narra una historia con una estructura cíclica temporal, ya que los acontecimientos del pueblo y de la familia Buendía, así como los nombres de los personajes se repiten una y otra vez, fusionando la fantasía con la realidad. En los tres primeros capítulos se narra el éxodo de un grupo de familias y el establecimiento del pueblo de Macondo, desde el capítulo 4 hasta el 16 se trata el desarrollo económico, político y social del pueblo y los últimos cuatro capítulos narran su decadencia.

Narra la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo ficticio de Macondo.

José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán son un matrimonio de primos que se casaron llenos de presagios y temores por su parentesco y el mito existente en la región de que su descendencia podía tener cola de cerdo. La pasión del primero eran los gallos de pelea; por lo que se dice que cuando le ganó a Prudencio Aguilar, éste le dijo "A ver si el gallo le hace el favor a tu mujer", en vista que José Arcadio y Úrsula no habían tenido relaciones en un año de matrimonio. Así fue como José Arcadio Buendía decide asesinar de un lanzazo a Prudencio. Sin embargo su fantasma lo atormenta apareciéndose repetidas veces en su casa lavándose la herida mortal con un tapón de esparto. Así es como José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán deciden irse a la sierra. En medio del camino José Arcadio Buendía tiene un sueño en que se le aparecen construcciones con paredes de espejo y, preguntando su nombre le responden "Macondo". Así, despierto del sueño, decide detener la caravana, hacer un claro en la selva y habitar ahí.

El pueblo es fundado por diversas familias conducidas por José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, quienes, tuvieron tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta (nombres que se repetirán en las siguientes generaciones). José Arcadio Buendía, el fundador, es la persona que lidera e investiga con las novedades que traen los gitanos al pueblo (teniendo una amistad especial con Melquíades, quien muere en variadas ocasiones y que sería fundamental para el destino de la familia), y termina su vida atado al árbol hasta donde llega el fantasma de su antiguo enemigo Prudencio Aguilar, (al que le había dado muerte con una lanza en el cuello antes de fundar Macondo) con el que dialoga. Úrsula es la matriarca de la familia, quien vive durante más de cien años cuidando de la familia y del hogar.

El pueblo poco a poco va creciendo y con este crecimiento llegan habitantes del otro lado de la ciénaga.Con ellos se incrementa la actividad comercial y la construcción en Macondo. Inexplicablemente llega Rebeca, a quienes los Buendía adoptan como hija. Desafortunadamente, llegan también con ella la pestedel insomnio y la peste del olvido causada por el insomnio. La pérdida de la memoria obliga a sus habitantes a crear un método para recordar las cosas y Jóse Arcadio Buendia comienza a etiquetar todos los objetos para recordar sus nombres; no obstante, este método empieza a fallar cuando las personas también olvidan leer. Hasta que un día regresa Melquíades de la muerte con una bebida para restablecer la memoria que surte efecto inmediatamente, y en agradecimiento es invitado a quedarse a vivir en la casa. En esos momentos escribe unos pergaminos que sólo podrán ser descifrados cien años después.

Cuando estalla la guerra civil, la población toma parte activa en el conflicto al enviar un ejército de resistencia dirigido por el coronel Aureliano Buendía (segundo hijo de José Arcadio Buendía), a luchar contra el régimen conservador. En el pueblo, mientras tanto, Arcadio (nieto del fundador e hijo de Pilar Ternera y José Arcadio) es designado por su tío jefe civil y militar, y se transforma en un brutal dictador, quien es fusilado cuando el conservadurismo retoma el poder.

La guerra continúa y el coronel Aureliano se salva de morir en varias oportunidades, hasta que, fatigado de luchar sin sentido, arregla un tratado de paz que durará hasta el fin de la novela. Después de que el tratado se firma, Aureliano se dispara en el pecho, pero sobrevive. Posteriormente, el coronel regresa a la casa, se aleja de la política y se dedica a fabricar pescaditos de oro encerrado en su taller, de donde sale solamente para venderlos.

Aureliano Triste, uno de los diecisiete hijos del coronel Aureliano Buendía, instala una fábrica de hielo en Macondo, deja a su hermano Aureliano Centeno al frente del negocio y se marcha del pueblo con la idea de traer el tren. Regresa al cabo de poco tiempo, cumpliendo con su misión, la cual genera un gran desarrollo, ya que con el tren, llegan también el telégrafo, el gramófono y el cine. Entonces el pueblo se convierte en un centro de actividad en la región, atrayendo a miles de personas de diversos lugares. Algunos extranjeros recién llegados empiezan una plantación de banano cerca de Macondo. El pueblo prospera hasta el surgimiento de una huelga en la plantación bananera; para acabar con ella, se hace presente el ejército nacional y los trabajadores que protestan son asesinados y arrojados al mar.

Después de la masacre de los trabajadores del banano, el pueblo es asediado por las lluvias que se prolongan por cuatro años, once meses y dos días. Úrsula dice que espera el final de las lluvias para finalmente morir. Nace Aureliano Babilonia, el último miembro de la línea Buendía (inicialmente referido como Aureliano Buendía, hasta que más adelante descubre por los pergaminos de Melquíades que su apellido paterno es Babilonia). Cuando las lluvias terminan, Úrsula muere y Macondo queda desolado.

La familia se ve reducida y en Macondo ya no se acuerdan de los Buendía; Aureliano se dedica a descifrar los pergaminos de Melquíades en el laboratorio, hasta que regresa de Bruselas su tía Amaranta Úrsula, con quien tiene un romance. De este, Amaranta Úrsula queda embarazada y tiene un niño que al nacer se descubre con cola de cerdo; ella muere desangrada después del parto. Aureliano Babilonia, desesperado, sale al pueblo llamando de puerta en puerta, pero Macondo ahora es un pueblo abandonado y solo encuentra a un cantinero que le ofrece aguardiente, quedándose dormido. Al despertar se acuerda del niño recién nacido y corre a buscarlo, pero a su llegada encuentra que se lo están comiendo las hormigas.

Aureliano recuerda que esto estaba predicho en los pergaminos de Melquíades. Con vientos huracanados asediando Macondo y el lugar en el que estaba presente, termina de descifrar la historia de los Buendía que ya estaba allí escrita con anticipación, encontrando que al terminar de leerlos, finalizaría su propia historia y con él, la historia de Macondo, el cual sería arrasado por el viento y borrado de cualquier memoria humana... "porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra"

viernes, 3 de abril de 2009

Los Miserables

Los Miserables es una de las novelas más conocidas del siglo XIX. Publicada en el año 1862, esta obra romántica fue escrita por el novelista francés Victor Hugo. La novela transcurre en Francia, en ambientes rurales y capitalinos. Narra las vidas y las relaciones de varios personajes durante un periodo de veinte años, a principios del siglo XIX, en los cuales transcurren las Guerras Napoleónicas. Principalmente se centra en los esfuerzos del protagonista, el ex-presidiario Jean Valjean, por redimirse, pero también analiza el impacto de las acciones de Valjean a través de reflexiones sobre la sociedad. La obra razona sobre la naturaleza del bien, el mal, la ley a través de una historia que abarca y expone la Historia de Francia, la arquitectura de París, la política, la ética, la justicia, la religión, la sociedad y las clases y la naturaleza del amor romántico y familiar. Victor Hugo se inspiró en Eugène François Vidocq, delincuente que acabó siendo policía y creador de la Sûreté Nationale francesa, para la creación de los dos personajes principales de la novela. Los miserables es muy conocida por sus numerosas adaptaciones para la pantalla y el teatro, de las cuales, la más famosa es el musical para teatro del mismo nombre.

Se trata de una novela que permite al lector acercarse a la historia de la Francia contemporánea a Victor Hugo, incluyendo directa o indirectamente varias partes de ésta, como la Revolución Francesa de 1789 (y sus etapas propias: el Terror, el Directorio, el golpe de Brumario), el imperio Napoleónico, la Restauración con Luis XVIII y Carlos X y la Revolución de Julio que transfirió el poder a Luis Felipe de Orleans. Cabe destacar igualmente su análisis de instrumentos, acontecimientos y estereotipos de los sucesos históricos mencionados, así como de antiguos dirigentes de la Convención, los emigrados e incluso de la guillotina. Víctor Hugo mantuvo a lo largo de toda su vida, también en Los miserables, una firme oposición a la pena de muerte y la obra es considerada como una defensa de los oprimidos en cualquier tiempo y lugar.

La trama gira en torno a varios personajes y sus historias, siempre alrededor de la figura y la vida de Jean Valjean, durante un momento histórico de violentos cambios sociales. Asimismo, se basa en la batalla de Waterloo y los acontecimientos posteriores: la caída de Napoleón, la Restauración y la Revolución de 1830.

Los miserables es una historia urdida en torno a la vida del ex presidiario Jean Valjean, quien, regenerado tras 19 años de presidio por robar pan para alimentarse llega a Digne desamparado, es acogido por Monseñor Myriel a quien roba dos candelabros de plata y media docena de cubiertos, posterior a esto es arrestado y llevado ante monseñor, quien lo salva de volver a presidio a cambio de que se comprometa a hacer el bien. A partir de aquel momento, Jean Valjean se propone dedicar su vida a la filantropía.

Tras prosperar como propietario de una fábrica y alcalde, bajo el nombre de Madeleine, Valjean debe revelar su verdadera identidad para salvar a un hombre al que han condenado por ser confundido con él por su perseguidor, el oficial Javert, quien no cree que un hombre se redimiera de su pasado y, por lo tanto, siga infringiendo la ley, que según él es la única verdad.

De la fábrica, la supervisora expulsa a Fantine por se madre sin estar casada, lo que provoca un sinfin de miserias para ella. Cuando Jean Valjean le salva de morir en la cárcel, le promete ir en busca de su hija, Cosette, a la venta de los Thenardier. Esta familia de posaderos sin escrúpulos engañó en varias oportunidades a Fantine pese a saber su condición de madre soltera y pobre, para sacarle más dinero mientras Cosette crecía en un ambiente hostil. Jean Vajean adopta a Cosette y ambos escapan a París, donde, con el paso de los años, Cosette se enamora de un joven revolucionario llamado Marius Pontmercy; Jean Valjean debe continuar ocultando su identidad y mudarse constantemente ya que Javert continúa persiguiéndolo; y los Thenardier siguen creando embustes para sacar provecho de todas las situaciones posibles. La novela es una constante lucha entre el racionalismo, representado por Javert, un policía muy circunspecto, frío y calculador, y el romanticismo, representado por Jean Valjean, el personaje bondadoso y misericordioso que deja una huella de bondad por los lugares por donde pasa. Estalla la revolución de 1830 dirigida por el grupo de estudiantes "ABC"; Jean Valjean, sabiendo que el amado de Cosette esta peleando en la revolución, se une a ellos, sin saber si proteger a Marius o matarlo. Eponina (una de las hijas de los Thenardier) también se une a la rebelión y sacrifica su vida al recibir una bala que iba dirigida hacia Marius, muere feliz en brazos de su amado sabiendo que su vida sirvió para protegerlo. Durante la batalla, Javert se infiltra como espía pero es capturado. Jean Valjean salva a Javert de una muerte segura en manos de los estudiantes y lo deja ir. Marius es severamente lastimado y lo ayuda Jean Valjean. Ambos logran escapar atravesando las alcantarillas, pero son capturados por Javert, quien iba siguiendo sus huellas muy de cerca. Jean Valjean persuade a Javert para darle tiempo de regresar al lastimado Marius a su familia y que después se entregará a la justicia. Aquí es cuando Jean Valjean manifiesta la máxima prueba de amor: el sacrificio. Jean Valjean sacrifica su libertad con tal que Javert dejara ir a Marius. Javert accede a la petición y luego se da cuenta de que está atrapado en un gran dilema: por un lado, están las creencias firmes de Javert en la ley y por el otro lado está la misericordia que Jean Valjean demostró, por lo que no puede entregar a Jean Valjean a las autoridades. Tan intenso es el dilema que Javert se termina suicidando arrojándose al río Sena. Poco tiempo después Marius y Cosette se casan, Jean Valjean pierde sus ganas de vivir al darse cuenta que Cosette ya no necesita de él. Marius piensa, por un mal entendido, que Jean Valjean es un sujeto de pobres valores morales y aleja a Cosette lo más posible de él. Sin embargo, Marius se da cuenta de la verdad demasiado tarde y se apresura junto con Cosette a casa de Jean Valjean, donde yace muriendo. Jean Valjean finalmente revela su pasado a la pareja y en sus últimos minutos de vida se da cuenta de la inmensa felicidad que tiene al estar junto a su hija, Cosette, y junto a su yerno, Marius. Jean Valjean expresa su amor a la pareja y finalmente muere.

La Montaña Mágica

La montaña mágica (Der Zauberberg), es una novela de Thomas Mann que se publicó en 1924. Es considerada la novela más importante de su autor y un clásico de la literatura en lengua alemana del siglo XX, habiendo sido traducida a numerosos idiomas.
Thomas Mann comenzó a escribir la novela en 1912, a raíz de una visita a su esposa en el Sanatorio Wald de Davos en el que se encontraba internada. La concibió inicialmente como una novela corta, pero el proyecto fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una obra mucho más extensa. La obra narra la estancia de su protagonista principal, el joven Hans Castorp, en un sanatorio de los Alpes suizos al que inicialmente había llegado únicamente como visitante. La obra ha sido calificada de novela filosófica, porque, aunque se ajusta al molde genérico del Bildungsroman o novela de aprendizaje, introduce reflexiones sobre los temas más variados, tanto a cargo del narrador como de los personajes (especialmente Naphta y Settembrini, los encargados de la educación del protagonista). Entre estos temas ocupa un lugar preponderante el del "tiempo", hasta el punto de que el propio autor la calificó de "novela del tiempo", pero también se dedican muchas páginas a discutir sobre la enfermedad, la muerte, la estética, la política, etc.
La novela ha sido vista como un vasto fresco del decadente modo de vida de la burguesía europea en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial.
Según declara el mismo autor en una introducción a la novela, la idea inicial de La montaña mágica se le ocurrió a raíz de la estancia de su esposa, Katia, en el Sanatorio Wald de Davos, en 1912. En varias cartas, hoy perdidas, Katia informaba detalladamente a su esposo de su vida cotidiana en la institución. El propio Mann visitó a su esposa durante una temporada (en mayo y junio de ese año), y pudo conocer por sí mismo el funcionamiento de la institución.
El trabajo de Mann en la obra fue interrumpido por el estallido de la Primera Guerra Mundial. Lo retomó en 1920, aunque de forma discontinua. Es importante tener en cuenta que durante el proceso de creación de la novela, las opiniones políticas de Mann sufrieron una importante transformación. Al estallar la Primera Guerra Mundial, apoyó explícitamente la causa belicista y el nacionalismo alemán con varias publicaciones, entre las que destaca el ensayo Consideraciones de un apolítico, publicado en 1918. En este ensayo, Mann defendía la tradición cultural alemana (Kultur), oponiéndola a la de las democracias occidentales (Zivilisation). Esta toma de posición le hizo enfrentarse a su hermano, Heinrich Mann. Desde 1922, sin embargo, Mann, reconciliado con su hermano, tomó decididamente partido por la democrática República de Weimar.
Mann publicó finalmente la novela, en dos volúmenes, en otoño de 1924, en la editorial S. Fischer.
La montaña mágica es en cierto sentido una parodia del Bildungsroman ("novela de aprendizaje") clásico alemán. Al igual que los protagonistas de este género, Hans Castorp abandona la casa paterna y se encuentra, en el Sanatorio, con el Arte, la Política y el Amor. Sobre todo a través de las conversaciones con sus "mentores" Settembrini y Naphta llega a conocer una serie de ideologías distintas. Sin embargo, al contrario que en el Bildungsroman clásico, la «educación» en la montaña mágica no convierte a Hans Castorp en un burgués diligente y seguro de sí mismo. El proceso de desarrollo desemboca más bien en el vacío, en la "tormenta de acero" de la Primera Guerra Mundial, en el que toda individualidad se disuelve.
Sin embargo, en muchos personajes, como por ejemplo en Mynheer Peeperkorn, también se han introducido elementos grotescos muy concretos, como su desmesurado apetito o su afición por el alcohol.
Simbolismo de la montaña :
El escenario de los sucesos en la novela de Mann, el Sanatorio Berghof, se encuentra en la montaña no sólo de forma geográfica, sino que representa, al igual que una montaña real, un mundo herméticamente cerrado en si mismo. Este además representa la antítesis del hogar de Castorp, la sobria, comercial y, en el caso de Joachim Ziemssen, mortal, «tierra llana».
En la grotesca escena del carnaval, durante la que Castorp declara su amor a Madame Chauchat, el Sanatorio se convierte en la Noche de Walpurgis, la montaña se convierte en el Blocksberg, donde, en la primera parte del Fausto de Goethe, se encuentran brujas y magos para celebrar una fiesta obscena e infernal.
Además, el Sanatorio recuerda al Venusberg (Monte de Venus), un tema conocido de la literatura alemana, entre otros de la ópera de Richard Wagner Tannhäuser, una especie de «paraíso infernal», un lugar de lujuria y desenfreno. Allí transcurre el tiempo de otra forma: el visitante cree haber pasado sólo unas horas, pero, si consigue salir, han pasado siete años. También para Castorp se convierten las tres semanas iniciales en el Sanatorio en siete años.
Las referencias a cuentos y mitología se encuentran en todo el libro: Settembrini compara a los doctores Behrens y Krokovski con los jueces de los muertos Minos y Radamante y al Sanatorio Berghof con el Reino de las Sombras, en el que Hans Castorp está de paso como Ulises. Más adelante, Settembrini le hace al protagonista una enigmática alusión en la que se refiere veladamente al mito de Perséfone, también relacionado con el mundo de los muertos de la mitología griega.Con el «sueño de nieve» en el capítulo «Nieve», Thomas Mann retoma la narración mítica de la Nekya, o descenso de Odiseo al Hades (Canto XI de La Odisea). Tras su vuelta del Hades, Hans Castorp es capaz de llegar temporalmente a profundas conclusiones. Behrens, haciendo un juego de palabras con el apellido del protagonista, compara a los primos con los Dioscuros, Cástor y Pólux. Settembrini se compara con Prometeo. La inculta señora Stöhr (juego de palabras con stöhren, «molestar») trae a colación, aunque confundiéndolos, a Sísifo y Tántalo; Settembrini se burla de su error.
Las opíparas comidas para los enfermos se comparan con el cuento Tischlein-Deck-Dich (Mesa, ¡ponte!). La búsqueda obsesiva de Madame Chauchat por parte de la señora Engelhart recuerda a la hija del rey en Rumpelstiltskin. Castorp no sólo tiene nombre de cuento, Hans im Glück (Hans con suerte), sino que comparte con el personaje su alegre inocencia. Al final pierde, al igual que el personaje del cuento, el sueldo de siete años. Finalmente también hay que mencionar en relación a la historia el tema de los siete durmientes de Efeso.
Incluso la venta del termómetro por la superiora se convierte en un rito iniciático, con el que se admite a Castorp en la comunidad de iniciados que forman los habitantes. Incluso el nombre de la enfermera jefe, Adriatica von Mylendonk, parece provenir de otro mundo. «Estimado señor, aquí algunas cosas tienen un aire medieval» opina Settembrini sobre el asunto.
Como un hilo conductor se extiende a lo largo de las siete partes del libro la cifra mágica siete. Castorp pasa siete años en el Sanatorio; el grotesco carnaval, uno de los puntos culminantes de la novela, ocurre siete meses después de su llegada. El siete también aparece en el número de letras de los apellidos de los primos, en el número de mesas del comedor, así como en el número de la habitación de Castorp, 34, cuyas cifras suman 7. El nombre de Settembrini contiene la cifra en italiano (sette). Joachim Ziemssen muere a las siete. Cuando Mynheer Peeperkorn, en una ceremonia patética, decide suicidarse, hay siete personas presentes.

Física y budismo apelan por igual a la compasión universal

El físico Victor Mansfield analiza la concordancia entre ambas líneas de conocimiento y sus aplicaciones.

Víctor Mansfield, profesor de física y de astronomía de la Universidad de Colgate del estado de Nueva York, en Estados Unidos, acaba de publicar un libro titulado Tibetan Buddhism and Modern Physics: Toward a Union of Love and Knowledge (Budismo tibetano y física moderna: hacia la unión entre amor y conocimiento), en el que se vuelve a abordar la relación que, para diversos autores y pensadores, existe entre la religión budista y la física moderna.

Publicada por la editorial Templeton Foundation Press de la Fundación John Templeton, la obra se centra en las complejas cuestiones del diálogo y la colaboración entre budismo y ciencia, revelando las conexiones y diferencias existentes entre ambas cosmovisiones, que a priori podría parecer que no tienen nada en común.

Asimismo, el libro responde a la sincera petición del Dalai Lama de que se desarrolle una colaboración entre ciencia y Budismo, tal y como se muestra en la introducción a la obra, escrita por el propio Tenzin Gyatso. Por otro lado la llamada Oficina de Su Santidad se encargará de la traducción de la obra al chino y al tibetano.

El principio del vacío

Con un lenguaje claro y atractivo, Tibetan Buddhism and Modern Physics describe cómo el principio del vacío o sunyata (lo carente de realidad, sin identidad, lo deshabitado), núcleo filosófico del budismo tibetano, está íntimamente relacionado con la no-localidad cuántica y otras características fundacionales de la mecánica de la física subatómica.

Detalladas conexiones entre el vacío, el principio de la relatividad, y la naturaleza del tiempo también han sido exploradas por el autor. Para los budistas tibetanos, la interconexión profunda que implica el vacío demanda la práctica de la compasión universal.

Dada la relación que Mansfield y otros pensadores han visto entre dicho sunyata y el vacío descrito por la física cuántica, esta rama de la ciencia debería animar también a una actitud compasiva hacia todo lo que nos rodea.

Pero el libro no se centra sólo en las similitudes entre física cuántica y budismo, sino que también explora un conflicto significativo que surge entre ambas líneas de conocimiento: las consideraciones acerca de la causalidad. En física, la causalidad se limita a describir la relación entre causas y efectos.

En el budismo, por el contrario, la causalidad ha tenido siempre un significado espiritual, esto es, jamás es ciega sino que está llena de sentido (los actos de cada sujeto tienen efectos y estos efectos volverán siempre al sujeto por la interdependencia entre éste y la totalidad del cosmos). En resumen, nadie puede librarse de su karma.

Ciencia y compasión

Según publica Templeton Press, el libro concluye con una respuesta a la pregunta: ¿cómo podría el viaje a través de la física moderna y el budismo tibetano aplicarse a un mundo en la actualidad dolorosamente polarizado? Es decir, que el mensaje central de la obra es que la compasión universal puede acompañar la expansión de la visión científica, uniendo de esta manera el amor al conocimiento más profundo de la realidad.

En esta línea, en la introducción que antes hemos mencionado a la obra, el Dalai Lama declara “no tengo ninguna duda de que la ciencia y la tecnología pueden contribuir a la felicidad de todos nosotros, y de que la ciencia es una vasta y hermosa fuente de conocimiento. Sin embargo, a pesar de sus logros en numerosos campos, aún no hemos dado con la forma de aplicar la ciencia y la tecnología a la erradicación de la infelicidad que atenaza a tanta gente en el mundo”.

El Dalai Lama añade, “ciertamente, creo que el remedio básico para el sufrimiento anímico, por naturaleza, radica en la mente misma y que el potencial para la resolución real de los problemas de la mente existe sólo en el nivel mental. Por consiguiente, aunque necesitamos evidentemente de la ciencia y de la tecnología, también necesitamos de nuestra espiritualidad, del trabajo en el corazón y en la compasión que apuntalan nuestra felicidad esencial”.

Tanto la tradición budista como la ciencia moderna están ocupadas en conocer la realidad a diversos niveles, a través de la investigación, y no sólo teóricamente sino también en la práctica. Tanto si nos acercamos al mundo a través de la ciencia como si lo hacemos a través de la espiritualidad, debemos aceptarlo tal y como es, señala el Dalai Lama.

Verdad en ambas direcciones

Antes de Mansfield, otros físicos han explorado la conexión entre la física moderna y las filosofías orientales. El primero en hacerlo fue el norteamericano de origen austriaco Fritjof Capra, que en 1975 publicó “El Tao de la Física”, en el que se exploraban las correspondencias entre las teorías de la física cuántica y tradiciones místicas como el Hinduismo, el Budismo o el Taoísmo. En esta obra, Capra demostró que la visión que poseen físicos y místicos presenta ciertos paralelismos y que la religión o el misticismo pueden acercarse a la ciencia, aunque sean aparentemente irreconciliables.

Otros textos que han analizado el estrecho vínculo entre física moderna y filosofías orientales han sido “La Danza de los Maestros de Wu Li”, de Gary Kuzav o “El infinito en la palma de la mano”, de Matthieu Ricard y Xuan Thuan Trinh.

Todos estos autores coinciden en señalar los puntos de concordancia entre filosofías orientales y ciencia moderna. Entre ellos, además de la concepción del vacío, se encuentra la idea del universo como una totalidad indivisible, es decir, la interconexión entre todas las cosas, particularmente entre el observador y lo observado, eje central de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica.

Las causas de estas similitudes podrían encontrarse, según algunos, en que en ambas líneas de investigación se hace un esfuerzo igualmente riguroso por avanzar y profundizar en el conocimiento de la realidad y, por lo tanto, se alcanzarían conclusiones igualmente verdaderas en ambas direcciones.

Fuentes: http://www.Tendencias21.net Por Yaiza Martínez.

El mantra del Buda de la Medicina

TAYATA OM BEKANDSE BEKANDSE MAHA BEKANDSE BEKANDSE RANDSA SAMUD GATE SOHA

Fundamentalmente sirve para curar enfermedades de la piel aunque se utiliza para todo tipo de enfermedades y obstáculos. Es muy utilizado, por ejemplo para tener éxito en la consecución de un proyecto.

El procedimiento de recitación es el mismo pero esta vez se visualiza el Buda de la Medicina que es de color azul o bien, una esfera de luz azul imaginando que en esencia es el Buda de la Medicina. Se puede visualizar enfrente o sobre la coronilla. Como antes, al recitar el mantra, se imaginan rayos de luz y néctar que viniendo de la esfera de luz, penetran por la coronilla y limpian de todas las enfermedades, tensiones y bloqueos. Al acabar la recitación el Buda se absorbe por la coronilla en el corazón y uno siente sus bendiciones

Con este mantra también se puede obtener agua curativa por el mismo procedimiento de antes. En particular sirve para aumentar el poder de los medicamentos. Para esto se recita el mantra haciendo la visualización sobre ellos e imaginando que se llenan de la energía luminosa nuclear del Buda de la Medicina.

El mantra de la Compasión Universal

Es uno de los mantras más recitados en El Tibet. Las enseñanzas dicen que recitándolo ochocientas veces temprano por la mañana, nunca se cae enfermo, ni siquiera por contagio; además se obtiene riqueza y éxito en los negocios y no hay quien te pueda dañar.

La forma de recitarlo es sencilla. Sentado o recostado cómodamente pero con la espalda derecha uno trata de visualizar la deidad de la compasión o en su lugar una esfera de luz blanca representando la compasión universal. Se puede visualizar sobre la coronilla o también, frente a uno a la altura de las cejas y a una distancia de un metro y medio. Para evitar distracciones conviene visualizar la esfera radiante y luminosa y al mismo tiempo pesada.

Hay que recitar el mantra manteniendo la visualización lo más claramente posible. Mientras se recita se imagina que de la esfera salen innumerables rayos de luz que penetran por la coronilla, llenando todo el cuerpo de luz y gozo. Al final, acabada la recitación, uno imagina que la esfera de luz penetra por la coronilla y se absorbe en el corazón, recibiendo así todas las bendiciones del Buda de la compasión.

Agua curativa:
El mantra de la compasión, también se puede usar para obtener agua con propiedades curativas. Para ello se visualiza la compasión universal, sea en forma de esfera de luz blanca o en forma de deidad, sobre un recipiente de agua limpia (una botella de agua mineral, por ejemplo). El mantra se recita el mayor número posible de veces y se visualiza que la esfera derrama luz y néctar blancos que se absorben en los átomos de agua. Acabada la recitación se imagina que la esfera de compasión se disuelve en el agua. Beber esta agua.

Mantra

Mantra es una palabra de origen sánscrito,que esta formada por los términos manaḥ y trāyate, que traducen mente y liberación, de ahi que se dice que un mantra es un instrumento para liberar la mente del flujo constante de pensamientos que la confunden.
Un mantra puede ser una sílaba, una palabra, una frase o texto largo, que al ser recitado y repetido va llevando a la persona a un estado de profunda concentración (dhāraṇā)En el budismo tibetano, cada mantra se considera el sonido correspondiente a un cierto aspecto de la iluminación y se recita para identificarse con ese aspecto de la mente iluminada.

Por ejemplo, el conocido om mani padme hum corresponde a la compasión. Se traduce: ‘¡Oh, joya en el loto!’, siendo originalmente el célebre mantra om el símbolo sonoro correspondiente al Brahman, aunque tal mantra pasó a ser parte de una célebre frase budista.
Según la tradición budista pollivetana, un mantra no tiene efecto completo si la práctica de su recitación no es supervisada y autorizada por un maestro competente (lama en tibetano, gurú en sánscrito), respaldado a su vez por un linaje de maestros que —en el caso del budismo— debe remontarse hasta el Buda . Según el budismo, además de recitarse, un mantra se puede escribir en determinados lugares para beneficiarnos con su influencia espiritual.